lunes, 30 de marzo de 2015

#17: Empezar otra vez


“Tengo tiempo para saber si lo que sueño concluye en algo”

Con esta frase de Spinetta me pongo a reflexionar un poco. Analizo, pienso mucho sobre mi realidad actual y todo se simplifica en el simple, pero nunca insignificante: hacer algo que me haga feliz.


Detrás de todo sueño hay una persona luchando para conseguirlo, añorando ser quien siempre esperó ser. Un sueño no tiene por qué morir en sueño, chato, sin fuerza, indefenso. Hay que hacer lo imposible para cumplirlo, para satisfacernos y entender un poco de qué se trata vivir. Vivamos persiguiendo sueños, pero vivíamos mejor cumpliéndolos, llevándolos a cabo como podamos, hagamos un poco hoy, otro poco mañana.


Mi abuelo siempre me decía: “nunca renuncies a las cosas, no dejes de hacer eso, no sabes cómo te puede sorprender la vida, todo sirve, nada es insignificante, todo es aprendizaje”.


No dejen que les pinchen el globo, no dejen que opaquen el brillo con el que iluminan a diario sus vidas y las de los demás. En la vida nos van a poner a prueba constantemente, nos van a hundir un poco, pero está en nosotros tomar impulso y volver a la superficie. No hay que detenerse jamás, a algunos nos costará más que a otros, pero estamos en el camino, transitando lentamente, alcanzando ese sueño que cada vez está más cerca.


Hoy me decido a empezar de nuevo, con miedos, con ansiedad y con muchísima alegría. La sensibilidad me juega en contra, pero no voy a dejar que nadie me diga lo que no quiero escuchar. Voy a intentarlo, dando lo mejor de mí. Hoy soy la constructora de mi futuro, tomo la decisión de qué hacer y hacia dónde llevar mi vida. Hoy empiezo una nueva etapa, estoy sorprendida de mi misma, orgullosa de mi decisión. Voy a dejar todo prejuicio de lado y dar lo mejor de mí. Comenzar a estudiar otra vez no es fácil pero poco a poco lo voy a superar. Hoy puedo decir que estoy disfrutando la decisión que tomé. Estoy feliz, intrigada por ese futuro que se viene.


Sí, voy a ser maestra jardinera. Estoy segura que este sueño va a concluir en algo, en algo hermoso, lleno de satisfacciones. Anhelo poder dejar un huella en el corazón de cada personita que dentro de algunos años, van a ser la razón de mi felicidad.


En la vida hay que accionar, afrontar las responsabilidades y correr riesgos, eso es vivir. Hoy estoy tomando una decisión que marcará mi futuro, nunca es tarde para alcanzar un sueño. Los primeros pasos siempre son los más difíciles, pero si no nos animamos, nunca vamos a poder caminar…

jueves, 25 de septiembre de 2014

#16: "Contar un sueño"


Jugábamos con brillantina y comíamos un helado derretido. Tu cara era igual a la cara del sueño de la semana pasada. Otra vez visitando mis laberintos.

Me mojé demasiado con la lluvia, y eso que llevaba paraguas. Me empapé hasta las rodillas, intentando saltar charcos, queriendo esquivar la inundación inevitable. Me reí y volví a zambullirme, mis zapatos hacían ruido, todo era agua y paraguas. Ya no me importaba la humedad, los zapatos volvían a hacer ruido y el jean nada seco enfriaba mis rodillas. Dos autos casi chocan por mi culpa. Poco inspirador, imaginemos el final.

El encargado del edificio me abrió la puerta y me habló del clima. Sonreí y me saqué los zapatos frente a él. Fue un momento épico, como el día que me dio un beso por mi cumpleaños. Me duele la garganta.

Me hice un té con leche, le puse un sobrecito de edulcorante y me fui a la clase de pilates. Me crujieron las rodillas y me asusté. Pensé en mi edad y seguí haciendo sentadillas. El lunes tengo turno con el traumatólogo, quizás el miedo desaparece y lo beso con los ojos abiertos en el consultorio número tres.

Tomé el subte y el recorrido duró solo una estación. A lo lejos visualicé algo nuestro. Vos sabes.

Cuando me escribiste estaba yendo, pero aún no había llegado. Por un instante, pensé que nos íbamos a encontrar. Cuando te extraño me pongo a escribir.

De regreso, una señora mayor, una gran bolsa y una cartera se sentaron a mi lado. Viajé incomoda, pero satisfecha. Perdí los zapatos. Tengo sed y angustia.

Estaba en casa y era otro día, pero quizás hablo del día anterior. Ayer fue cuando viajé en subte, hoy llueve y me mojo hasta las rodillas que ya no crujen. Así son los sueños, así es lo que nos pasa. Ya me volví a confundir.

Me despierto pero sigo con los ojos cerrados, no puedo ver lo que quiero ver. La brillantina se moja con la lluvia y el helado derretido se termina. Estoy inmóvil, quiero darme vuelta y no siento el cuerpo. Cuánto falta para que termine algo que no empezó. Otra vez el mismo sueño.

jueves, 18 de septiembre de 2014

#15: "Noche"


Sebastián miró por la ventana. Las luces de la calle avisaban que era medianoche, ya no había testigos ni nadie que lo pudiera escuchar suspirar. La noche era perfecta y podía serlo aún más. Giró la cabeza y vio su cámara fotográfica. Fue ahí cuando lo invadió una sensación de regocijo. Sabía lo que tenía que hacer para que esa noche fuera única. 

Fue entonces cuando tomó el teléfono y la llamó. El sonido de su voz al contestar sólo agregó más belleza a la noche. Por un instante, se olvidaron de quienes eran y para qué habían venido a este mundo, una respiración profunda expresó perfectamente lo que querían decirse.

Quizás el encuentro de la semana pasada lo había dejado inquieto, expectante y con ganas de algo más. Algo que habían hablado hace mucho tiempo, entre risas y anécdotas. La charla telefónica se volvía algo monótona, pero por monótona no me refiero a aburrida, sino que Sebastián no lograba proponerle lo que había pensando esa tarde en el trabajo. 

Sebastián trabajaba en sistemas, no le disgustaba su trabajo pero renegaba con no tener el tiempo suficiente para dedicarse a su pasión, la fotografía. Aún se recuerda fotografiando a sus mascotas desde diferentes perspectivas y llevando a revelar esa enorme cantidad de rollos, la emoción de tener las fotos en sus manos era única. Ese era el verdadero Sebastián, el que disfrutaba de las pequeñas cosas y se emocionaba con una fotografía de la ciudad iluminada por luces de neón.

Ella no quería cortar, no entendía de qué se trataba esa sorpresiva llamada a la medianoche, aunque estaba tranquila porque todo aquello que venía de él era perfecto. Antes de colgar, Sebastián respiró profundo y con una emoción que le cortaba la voz la invitó a encontrarse esa misma noche en el lugar donde se habían conocido. Un silencio invadió la conversación y él algo confuso, corroboró si se había cortado la comunicación. De repente, un tímido sí retumbo en todo el cuerpo de Sebastián y la sonrisa volvió a su rostro. Ella aceptó verlo, ella aceptó encontrarse para quién sabe qué, pero se dejó llevar por el sentimiento que flotaba en el aire y que pronto traspasaría su piel.

Había pasado una hora de esa conversación, de ese momento donde todo se conjugó en momento e instante. Esta vez él la esperaba a ella, Sebastián estaba sentado en aquel banquito de madera donde aquella vez sus manos se habían rozaron por primera vez. Muchos recuerdos afloraron de pronto, todos como flashes, mezcla de aromas y palabras. Mientras Sebastián volaba en recuerdos y sensaciones algo lo hizo reincorporar, levantó la vista y la vio venir a ella. Caminaba alborotada, algo apurada pero manteniendo la compostura, llevaba el pelo suelto algo desprolijo, poco maquillaje y una ropa muy informal. Se sonrieron, se saludaron con un escueto beso en la mejilla y luego se abrazaron, se abrazaron fuerte, esa sensación de pertenencia estaba latente entre ellos.

Ella con una mirada curiosa le pidió explicaciones, no entendía la necesidad de verse esa noche y no al día siguiente donde quizás ella podría arreglarse un poco más, maquillarse y estrenarse aquel vestido que había comprado meses atrás en una liquidación. Él le señaló un bolso que había quedado en el banquito, ella sonrió y entendió todo. Sebastián quería compartir su pasión junto a ella. La felicidad estaba simplificada en sus rostros. No había palabras, solo miradas, estaban cerca, más cerca que nunca, tomados de la mano, acariciando el presente y ese momento-instante propio de ellos.

Sabían que iba a ser una larga noche, como todas aquellas noches vividas en sus fantasías, pero esta noche era real. Iba a ser una noche única, fotografiando aquella ciudad que parecía envolverlos para siempre, una noche perfecta enfocando y desenfocando cada centímetro de sus cuerpos, aquellos cuerpos que esperaban el amanecer para despedirse y volver a empezar una vez más.